El niño – aprendizaje infantil

El nivel y tipo de inteligencia se conforman fundamentalmente durante los primeros años de vida. A los 5 años, el cerebro alcanza el 80% de su tamaño adulto. La facilidad con la que los niños adquieren habilidades y conocimientos, muestra que la educación de las potencialidades del niño, debe ser explotada comenzando tempranamente.

María Montessori observó que cuando más manipula el niño,  más se nutre el cerebro.

La Dra. Montessori enfatizó que la mano es la principal maestra del niño. Para que el niño pueda aprender debe haber concentración y la mejor manera para que el niño se concentre es, fijando su atención en el trabajo que efectúa con sus manos. Todo el equipo de material del salón Montessori, permite al niño reforzar sus conocimientos invitándolo a usar sus manos para aprender.

Los conocimientos no deben ser introducidos dentro de la cabeza de los niños. Por el contrario, mediante la información existente, los conocimientos deben ser percibidos por ellos como consecuencia de sus razonamientos.

Lo más importante es motivar a los niños a aprender con gusto y permitirles satisfacer la curiosidad y experimentar el placer de descubrir ideas propias, en lugar de recibir los conocimientos de los demás.

Permitir que el niño encuentre la solución de los problemas. A menos que sea muy necesario, no aportar desde afuera nuevos conocimientos. Permitir que sean ellos los que construyan en base a sus experiencias concretas.

Con respecto a la competencia, este comportamiento debía ser presentado, sólo después de que el niño tenga confianza en el uso de los conocimientos básicos. Entre sus escritos aparece: “Nunca hay que dejar que el niño se arriesgue a fracasar hasta que tenga una oportunidad razonable de triunfar”. (M. Montessori).

Otro de sus conceptos innovadores fue que cada niño marca su propio paso o velocidad para aprender y esos tiempos hay que respetarlos.

Consideraba que no se podían crear genios, pero sí al darle a cada individuo la oportunidad de satisfacer sus potencialidades, para que sea un ser humano independiente, seguro y equilibrado.

La mente absorbente

María Montessori, con frecuencia comparó la mente de un niño con una esponja. La mente del niño literalmente absorbe toda la información del medio ambiente y trabajando con la mano aprende fácilmente.

El desarrollo interior debe de preceder a la independencia. Por lo tanto, es éste desarrollo interior lo que constituye la tarea más importante del niño. Para lograrla, el niño es equipado con ciertas potencialidades que no existen en el adulto. A una de ellas María Montessori la llamaba “La mente absorbente”

Por más de 100 años se ha comprobado la teoría de María Montessori, que el niño pequeño puede aprender a leer, escribir y calcular de la misma manera natural en que aprende a caminar y a hablar.

La mente de los niños posee una capacidad maravillosa y única: La capacidad de adquirir conocimientos absorbiendo con su vida síquica. Absorben todo del medio ambiente inconscientemente, pasando poco a poco del inconsciente a la conciencia, avanzando por un sendero en que todo es alegría.

El proceso es particularmente evidente en la manera en la que un niño de dos años aprende su lengua materna sin ninguna instrucción formal y sin el esfuerzo consciente y tedioso que un adulto hace para dominar un segundo idioma. Adquirir información de esta manera, es una actividad natural y maravillosa para el pequeño, ya que usa todos sus sentidos para investigar sus alrededores.

 

El niño retiene esta habilidad para aprender hasta los siete años. Se les compara con una esponja, con la diferencia que la esponja tiene una capacidad de absorción limitada, la mente del niño es infinita. El saber entra en su cabeza por el simple hecho de vivir.

La Dra. Montessori dedujo que sus experiencias podrían enriquecerse en un salón en donde él pudiera manipular materiales que le proporcionaran una educación básica.

Los períodos sensibles

Los niños pueden adquirir una habilidad con mucha facilidad en ciertas etapas de su vida, lo que Montessori establece como: Los períodos sensibles.

Se trata de sensibilidades especiales que permiten a los niños ponerse en relación con el mundo externo.

Se comprende así, que el primer período del desarrollo humano es el más importante. Es la etapa de la vida en la cual hay más necesidad de una ayuda. Una ayuda que se hace, no porque se le considere un ser insignificante y débil, sino porque está dotado de grandes energías creativas, de naturaleza tan frágil que exigen, para no ser menguadas y heridas, una defensa amorosa e inteligente. Un modo excepcionalmente intenso. Son pasajeras y se limitan a la adquisición de un determinado carácter.

Cuando el ambiente es atractivo y ofrece motivos para una actividad constructiva, entonces todas las energías se concentran y desaparecen las desviaciones. Entonces aparece un tipo único de niño…

Luego ocurre otra cosa que nunca se había visto en un grupo de niños: una disciplina espontánea. Este hecho sorprende a muchos. La disciplina en la libertad parece resolver un problema que hasta ahora parecía insoluble. La solución consiste en obtener la disciplina otorgando la libertad.

Los niños que buscan trabajo en libertad, cada cual concentrado en un tipo distinto de ocupación y, sin embargo, unidos en un solo grupo, da la impresión de la perfecta disciplina.

 

Los niños están en un ambiente que les ofrece la posibilidad de desarrollar una actividad ordenada, y nos manifiestan este nuevo aspecto, desarrollan un tipo psíquico común a toda la humanidad.

Este cambio crea cierta uniformidad entre los niños y se  produce siempre cuando el niño se haya concentrado en una actividad. Apenas el niño encuentra el modo de trabajar, desaparecen sus defectos, hay algo dentro de el que parece liberarse hacia una actividad externa, que atrae aquella energía y la fija en un trabajo constante y repetido.

En el período de los 3 a 6 años, cuando el niño trabaja se realiza una integración sorprendente ya que la mano trabaja y la mente guía el trabajo.